Este programa de Oceana se ha llevado a cabo gracias a la firma de un convenio de colaboración con la Fundación Biodiversidad y con la ayuda de la SECAC (Sociedad para el Estudio de los Cetáceos en el Archipiélago Canario) y servirá para elaborar planes de protección más eficaces.

Por medio de las marcas por satélite que han sido colocadas en una decena de tortugas marinas, nuestros científicos podrán saber diariamente los movimientos de estos animales, así como sus preferencias respecto a profundidades y horas de actividad a lo largo del día.

A bordo del catamarán Ranger, se ha procedido a la localización y marcado de un grupo de ejemplares subadultos que se concentran durante el verano en aguas del Mediterráneo occidental. En el mes de octubre, investigadores de Oceana y de la SECAC han llevado a cabo una experiencia similar en canarias, a bordo del Oso Ondo, un barco especialmente fletado por estas organizaciones para llevar a cabo sus trabajos.

Las tortugas boba (Caretta caretta) empiezan a reproducirse cuando alcanzan una longitud de caparazón superior a los 80 centímetros, momento en que suelen tener cerca de 15 años. Los animales marcados tenían longitudes que iban entre los 33 y los 70 centímetros de caparazón, por lo que ninguno de ellos es reproductor y todavía se encuentran en la fase de migraciones y vida pelágica.

Las medidas que se adopten en los próximos años para la protección de las tortugas marinas, pueden ser vitales para la supervivencia de estas especies. En los últimos seis años, el número de hembras reproductoras de tortuga bobo (Caretta caretta) que han vuelto a las playas de puesta en Florida (Estados Unidos), ha disminuido a menos de la mitad. Y son estas poblaciones de Estados Unidos las que mantienen casi el 40% de la población mundial.

La tortuga boba (Caretta caretta) es la especie más común en aguas europeas, pero también es la que mayor volumen de capturas accidentales sufre. Cada año, alrededor de 40.000 ejemplares quedan enganchados en los anzuelos de la flota mediterránea. Por esta razón, Oceana está combinando este trabajo de marcaje con la colaboración en un proyecto del Instituto Español de Oceanografía con los pescadores de Carboneras (Almería) para mejorar la selectividad de esta pesquería.

Las marcas colocadas sobre dos decenas de ejemplares subadultos, seguirán aportando información durante aproximadamente un año.

Tanto en Baleares como en canarias, los científicos de Oceana llevaron a cabo la toma de muestras de tejidos y la colocación del chip de identificación de cada uno de los ejemplares. Tras la recogida de muestras, se colocó en el caparazón de cada tortuga marina un transmisor por satélite que permite conocer sus hábitos migratorios, sus conductas y otros datos relevantes para proponer planes de gestión para su protección. Cada vez que una tortuga sale a la superficie para respirar, la marca satélite emite una señal que es transmitida a la sede de Oceana, donde se almacenan los datos y se procede al estudio de los mismos.

Gran parte de estas tortugas proceden de las playas de puesta de Estados Unidos y el Caribe, si bien también pueden encontrarse algunos ejemplares originarios del Mediterráneo Oriental, en especial de Grecia, Chipre y Turquía.

Se sabe que un gran número de tortugas marinas, tras abandonar el nido donde nacieron, se embarcan en una larga migración transatlántica que las lleva hasta las aguas del oeste mediterráneo. Después inician su camino de vuelta utilizando la corriente del Golfo hasta llegar de nuevo a sus playas de puesta tras completar más de 10.000 millas de viaje. Pero todavía se desconoce mucho de la biología de estos animales, como por ejemplo dónde pasan gran parte del año, en especial durante su etapa subadulta y en las épocas de invierno.

En experiencias previas, el seguimiento de las tortugas por medio del marcaje por satélite ya ha permitido arrojar alguna luz sobre las costumbres de estos animales. Así, se ha podido saber que las tortugas combinan parte de su vida en aguas atlánticas y mediterráneas, o que las hembras adultas pueden poner sus huevos en playas diferentes a lo largo de un mismo año.

 
© OCEANA / Juan Cuetos

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