Los Nuevos Lobos de Cobquecura

Antonia Fortt, ingeniera ambiental de Oceana
Si aún no conoce el valle del río Itata, apresúrese, porque está a punto de perderse uno de los parajes más bellos que ofrece la Octava región. El inicio de actividades de la planta de Celulosa CELCO Nueva Aldea, que descargará sus residuos industriales (riles) a ese curso de agua, amenaza con desencadenar un desastre similar al que tuvimos que lamentar en el Río Cruces, en la Décima Región.

Pero la memoria de la CONAMA es frágil, y su sentido de la prudencia parece ser, por lo menos, errático e incomprensible. Cuando el proyecto fue presentado el año 2000, se rechazó su estudio de impacto ambiental, por no incorporar un sistema de tratamiento de riles que se hiciera cargo de unas sustancias especialmente peligrosas para la salud humana conocidas como halógenos orgánicos absorbibles (AOX).

Sin embargo, un año después, sin que el Estudio sufriera modificación alguna, la entonces Directora de la Conama Adriana Hoffmann, decidió revocar la decisión de la Corema de la Octava Región y aprobar la propuesta. Luego vendría la solicitud de cambiar el proyecto (que ya había sido aprobado irregularmente) por uno incluso más grande, objetivo que también consiguió la empresa, pese a que inició la construcción antes de obtener este segundo permiso, en una clara violación de la institucionalidad ambiental que asegura respetar.

Dejaremos fuera muchas otras irregularidades y vicios de este proyecto, pero no podemos olvidar que fue en esta planta, en esta empresa del señor Angelini, donde ocurrió el primer accidente radioactivo de nuestro país, cuando dos obreros entraron en contacto con material contaminado. Aún no existen sanciones de ningún tipo contra CELCO.

Ya este año, frente a la pasividad e indolencia de las autoridades centrales, decidió organizarse y manifestar de manera unánime su rechazo a la planta. Las razones son contundentes: Boca Itata y el resto de las localidades de la desembocadura del Itata posee una economía basada en la pesca y la agricultura, actividades que se ven profundamente amenazadas por la contaminación que emitirá la planta al aire y el agua. De hecho, la incipiente vitivinicultura de esa zona ya sufrió el negativo impacto de este proyecto, cuando una partida de sus mejores vinos fue rechazada en Suecia, por haberse producido en una viña cercana a la planta. En nada quedaron los sueños de hacer del valle del Itata una marca de calidad al estilo de lo que hizo Elqui, frustración que es especialmente fuerte en Cobquecura, comuna que apostaba por desarrollar una industria turística, aprovechando su patrimonio cultural y la belleza de su entorno, como la hermosa lobera de Cobquecura, donde habitan más de 3 mil lobos marinos. Lamentablemente, es posible que ellos sean las primeras víctimas de esta “visión de país” centralista y servil con los intereses de los grandes empresarios, los nuevos lobos de Cobquecura.